Un deseo es una orden asignada a la mente para evitar la agonización de la vida. Cuando un espeleólogo sueña con encontrar una "Krúbera-Voronya", lo hace para evadirse de cuatro rotos estrechos, embarrizados, con una entrada impenetrable, con polvo de tierra tragando, con un aire que te mete la arenisca en los ojos, con los aparatos molestando, con la carburera ardiendo, con el casco atascado entre dos paredes, con el pecho presionado, con la mano derecha apegando a la cadera, con la izquierda delante del cuerpo para agarrarse a algún recoveco, con la cuerda de guía liando el panorama, con el compañero dándote voces de ¿¡Sigue!?, con el resto del grupo hablando fuera de cuatro tonterías que no hacen más que enrabiarte más y más, con una estalactita como el puño de gorda amenazándote si intentas acercarte a ella, con unos cuantos bloques susurrándote que se van a caer si tu movimiento continua en esa dirección, además tu posición es boca abajo, sugiriéndote el cuerpo ponerte bien porque la sangre comienza a bajarte a la cabeza, mirando por esa galería negra en continuación, intentando enfocar con el casco abr si ves el final, pero no puedes porque cuando echas la cabeza para enfocar, los ojos no te dan de sí para ver si se ve algo porque la roca madre hace curva y no te deja ver, con la saca de topografía en la espalda colgada enganchándose en todos lados, con unas paredes concrecionadas que parecen cuchillos al tocarlas, con las bagas de anclaje en revesándose cada vez que avanzas un centímetro, con el petate colgando hacia abajo, haciendo peso para tirarte y encajándose en cualquier apertura, con un sueño de perros tras haberte levantado a las 6 de la mañana, con un hambre infernal, con un calor sublime por haberte puesto el mono interior creyendo que ibas a pasar frío, pero después tras una hora ahí metido, empieza el frío, un frío estremecedor que corroe todos tus huesos y te escalofría en cada instante, sientes más hambre, los compañeros se preocupan y siguen con las voces, tu hasta los mismísimos ......., tu agonía crece, el pecho cada vez más apretado, la sima cada vez más estrecha, el corazón cada vez late más deprisa, empieza la desesperación, la lengua te sabe a tierra, los labios se han secado y custrido, el pelo enharinado, el mono echo polvo, las botas embarrizadas totalmente, los aparatos dando la bara, en especial el descendedor y la baguita del puño, con ellos no hay quien pueda, siempre se enganchan y te dificultan el avance, la saca de topografía como de costumbre, preocupado por el medidor láser de si le ha pasado algo, el petate sigue igual, tus manos con magulladuras, pequeñas rajitas molestando y segregando sangre, tu cerebro empieza a fallar, la oscuridad se transforma y te hace ver cosas que no hay, la luz cada vez es más tenue, y no porque se vayan gastando las pilas, sino porque la tierra es cada vez más espesa, los ojos los tienes llenos de polvo, pero no puedes tocártelos porque las manos están asquerosas. Ya has avanzado unos 20 metros y has descendido unos 30 metros, y todo en cuatro horas, tras haber estado más de dos horas atrapado, la cuerda está en el fondo de esa pequeñísima sala que solo da para el ancho de tu pecho, el petate está justo en tus pies aplastándote la bota derecha, la cuerda liada en la izquierda, la saca la llevas enganchada en el casco, la carburera está que arde, la galería no te permite girar la cabeza porque el foco luminoso choca con la pared, el hambre se hace intenso, el barro abajo es insoportable, pegajoso, espeso, del que te deja las piernas atrapadas en él, tus compañeros te preguntan ¿¡Cómo vas!?, tú respondes tenuemente que bien, pero arrepintiéndote de haber entrado por uno de ellos, y en el peor de los estados posibles, ellos te dicen que han dado un barrido por la zona y han encontrado unas simas tremendas, encima empiezan con el cachondeito: "vas a echar todo el día en una sima de mierda macho", tu te mosqueas y los mandas a la mierda por lo bajani, tras haberte recuperado un poco, sientes ese aire que había en la boca de la sima, un aire tremendo que procede de tu parte izquierda, un aire frío invitándote a continuar en la sima, ofreciéndote compañía para seguir en ese oscuro abismo, sirviéndote su soledad para atraparte con él toda la vida, un aire que te anima a seguir, un aire que te alivia por haber pasado lo peor, y piensas que esa corriente de aire procede de una gran sala, una gran galería, es entonces cuando tus compañeros te dicen que es la hora de comer, tu les pides que te manden el bocadillo en un bote estanco, y así es, el bote llega a tus manos, dentro un bocata de jamón, un refresco de limón, un machete, el típico cordino blanco y un repuesto de cuatro pilas, y comenzáis a comer, a hacer un alto en el camino, ellos desde arriba contemplando un hermoso paisaje y tú con las manos embarrizadas ensuciando todo el pan de mie.... y contemplando como una araña meta-bournety, de las gordas, rojas, te miran con cara de comerte, y una bocanada de polvo acompañándote en cada sorbido de refresco, y un puñado de mosquitos como entremeses para cada bocado de bocadillo.