diariodeunespeleólogo

una sección de SpëLâîoN DârKnësS

 
cap.10

Sangre Celestial

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Te levantas, y andas en dirección hacia donde entraste la primera vez, un meandro seco, aislado del agua. Tú caminas a oscuras, la locura te hace hacer cosas que no tienen sentido, andas con los ojos medio cerrados, sin ganas, balanceándote, y al no ver absolutamente nada, chocas con cualquier piedra, te tropiezas y te pones en pie, llegas a una curva y te la pegas, los choques son continuos, tu cuerpo mal herido no soportará mucho tiempo, es como si un equipo entero de rugby estuviera continuamente volándose encima tuya.

Tras avanzar bastantes metros de meandro, pasando por algunas galerías, eso sí, más de un día entero para tan poco, dejándote la piel y los huesos en cada paso, ya que es prácticamente imposible caminar a oscuras, pero como tu cuerpo y tu mente no reaccionan, da igual, terminas llegando a aquel dichoso lugar de la arañita, el lugar crítico, pero tú ni te enteras.

Casualmente te paras allí un momento, es una sensación extraña, pero sigues adelante, y de repente, ¡al suelo!, una caída frontal, el casco golpea fuertemente el suelo, la arena se te pega a la cara, las piedras se hincan en todo el cuerpo. Tras hacer un descanso involuntario en el suelo, allí tumbado y con la cabeza girada, te propones chupar lo que se ponga delante de la lengua.

Tras sacar la lengua, ésta choca con una piedra, algo hay sobre ella, como algo seco, tras mojarla y degustar la sustancia con tu lengua…

¡Es tu propia sangre!, sangre que afianza un buen por venir, sangre que trae consigo el sabor de la esperanza, sangre seca que huele a renacer, sangre de dioses, sangre motivadora, sangre que sabe como una cerveza fresquita en un caluroso día de verano, aquella sangre que caía endemoniada tras la fisura, una sangre que muestra salvación, una sangre celestial. Ese sabor te devuelve unos instantes a la buena fe, te recuerda por unas décimas de segundo el comienzo de la expedición, los males pasados y tu llegada hasta ese punto. En ese preciso momento, la cabeza se libera del mal contenido, es como si te hubiera venido de nuevo la cordura, como si hubieses vuelto a ser tú, el mal, la locura, se van de tu mente, dejándote libre, perdonándote por esta vez, y dejándote solo para una reflexión importante.

La cabeza está ahora mismo en blanco, es como si te hubieses despertado de un shock pos traumático. Es ahí cuando te acuerdas de cómo te llamas en realidad, recuperas la conciencia y te pones de pie.

Tras comprobar que tu casco no se enciende, sacas las pilas de repuesto, y se las pones al casco, las otras las retiras y las guardas. La luz ha vuelto, una luz muy intensa, una luz que promete aguantar el tiempo que te quede en la sima.

Tras pensar tus próximos movimientos, decides partir hacia una de aquellas bifurcaciones que ibas escogiendo al azar, pensando en que alguna te llevaría a otra galería diferente.

 
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