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Tras haber recuperado el aliento, hablas con tus compañeros comunicándoles que una vez metido allí, sería mejor acabar con esta sima cuanto antes, porque la salida es bastante dificultosa, y más después de haber estado allí dos horas intentando avanzar un metro. Ellos te confirman tu proposición y te avisan de que cuatro de los cinco que hay arriba van a ir a explorar dos simas que parecen pequeñas mientras tú sales de ese infierno.
Una vez acordado con el exterior el planning del día, te propones topografiar lo que has avanzado, es cuando un compañero te manda con un bote estanco de esos finos para el carburo, una cámara de fotos digital y repuesto de carburo por si acaso, esto llega igual que antes, sujeto por un cordino muy fino. Tras deshacer el nudo miras en su interior y preguntas el porqué de la cámara, ellos te dicen que es para una foto del interior, como se suele hacer para catalogar cualquier sima.
Ahora está todo en orden, pero falta algo, una pequeña saca de instalación, la pides, y te la echan igual que los otros botes estanco, agarradas con un cordinito. Te envían seis mosquetones de aluminio, burilador, espitzs y llave plana. Ahora sí, todo correcto.
Comienzas a topografiar de mala manera, sacas la brújula para tener el norte magnético, pero no, no hay brújula, la brújula está como la choza de un melonero, es decir, un poco averiada. . .Compruebas el medidor láser, al menos funciona, y miras la hora para tener una referencia horaria, tú reloj marca las doce en punto, y tú piensas que es un poco pronto. Preguntas al exterior a voces, porque de ahí para adelante no te sentirán, te dicen que son los dos y media de la tarde, ¡menuda faena!, en una cueva el tiempo se te pasa sin enterarte, y sin reloj, vuff. . .
Es cuando piensas: “qué bien, ¿no?, estoy en una situación inmejorable”. Te das cuenta de que ese infierno te va a costar la vida, no había otra cueva en todo la sierra para meterse…, aunque claro, después de estar dos horas andando sin encontrar nada, cuando encuentras algo, por pequeño que sea, vas al ataque, y más si la sima desprende un aire terrorífico y las piedras parecen sonar bastante.
Continuamos la expedición descendiendo por la galería que nos encontramos a la izquierda, aquella que expulsaba ese aire tentador. Proseguimos a avanzar con todo el equipo, ahora más molestoso que nunca: la saca de instalación que suele pesar bastante, con su maceta y su burilador, la saca de topografiar, dos botes estancos que son bastante incómodos, y un petate con una botella de agua, alcohol 96 y una cuerda de treinta metros, además de la dichosa carburera y de todo el equipo personal. Tras observar la situación comienzas a descender, tus compañeros se han marchado, excepto uno que se supone que estará echando una siestecita para esperar tú salida, esta vez parece que la galería se ensancha un poco, es de ancha como tus hombros, y tipo fractura que procede de más arriba, unas estalactitas cuelgan partidas del techo, partidas de cómo si alguien ya hubiera estado dentro, de haberse desesperado en un intento de salida descontrolada, por las paredes restos de tizne, y ni una señal de spitz o parabolt, y eso que te encuentras en la cabecera de un pequeño pozo, de no más de diez metros, pero lo suficientemente dificultoso como para descender sin cuerda, sin poder usar la oposición ni la escalada, parece raro, miras a un lado, y como la oscuridad suele engañar, te parece ver algo, algo que se ha movido, te asustas y te vuelves rápidamente y subes por donde has venido, entonces choca tu casco con algo, miras hacia arriba y son esas estalactitas partidas, eso te hace reflexionar, la agonía es desesperante, vuelves a mirar, y sale justo un murciélago con la boca abierta y las alas extendidas como para devorarte, es un susto tremendo, y tu te apartas, miras hacia la pared sobre la que te has apartado y observas unas marcas de tizne ensangrentadas, es irritante el miedo, un escozor que no cesa, piensas en volver, pero eres un espeleólogo, una persona que no siente miedo en una cueva, sino que forma parte de ella, una persona cualificada para superar cualquier dificultad subterránea, una persona que conoce de sobra los valores de la valentía y el coraje, una persona que se deja la piel en una cueva para contemplar una belleza que es diferente a todas las demás, una persona que comprende lo que es la oscuridad y el miedo, una persona que piensa que el dolor es psicológico, una persona astuta, una persona autosuficiente, una persona con afán de seguir en una cavidad pese a cualquier adversidad, un espeleólogo de verdad. |
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