diariodeunespeleólogo

una sección de SpëLâîoN DârKnësS

 
cap.4

El Denodado Tormento

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¡¡¡Qué sed!!! Acabas de salir de una agonía insufrible y estás totalmente agotado, prácticamente desesperado, tus compañeros seguro que están realizando algo por saber tu estado. Tu única “salida” es seguir avanzando hasta llegar al final de la sima, pero las capacidades físicas disminuyen, los músculos amenazan por desgarrarse, los huesos advierten por romperse de un momento a otro, la mente está torturándose ella sola, la piel se encuentra en un estado hipodérmico, los órganos suplican evitar la dolencia y tu vida susurra un pequeño grito de suplicio.

Comienzas a moverte para evitar un poco el frío, contigo llevas todas esas cosas que te sobraban después de la “masacre”, no hay nada de comer, y menos de mojar la garganta que se va estrechando en cada diástole del corazón. Atraviesas unas cuantas galerías, destrepas unos metros, sigues avanzando apenas treinta metros, tus pies se van solos, tus brazos ya se apoyan sin dolor, la sangre se vierte al suelo como si de abono les sirviera a las pisolitas, los aparatos pesan una tonelada, el casco es molestoso. Realizas una parada en un suelo de caos de bloques pequeños, te dispones a quitarte el casco, a refrescar la cabeza, pero escuchas un pequeño ruido, el sonido de la tortura, el eco de la muerte, la eufonía del dolor, un ruido que te parece aterrador. Por un instante sientes el suelo moverse, tú estás sentado con una sed tremendísimamente tremenda y en pocos instantes te das cuenta de que estás cayendo de verdad en algún lugar.

Cierras los ojos por no ver el suelo en tu nariz, encoges las rodillas contra el pecho, toda tu vida ya no pasa por delante de tus ojos, ahora lo que se te pasa por la cabeza es que todo acabe de una vez, sientes un frescor en todo el cuerpo, una sensación de hundimiento por los huesos, los oídos se te llenan de frío, el casco pesa una barbaridad y la respiración empieza a faltar. Es cuando te das cuenta de que has caído en una galería inferior a la que te encontrabas, lógicamente, pero has caído en un lago totalmente helado. Tu reacción es bucear al exterior, a la superficie, el tiempo que te has tirado pensando ha sido malgastado en no bucear, pero lo consigues, porque eres una persona bien preparada físicamente a pesar de esta gran adversidad.

El frío es atronador, si la hipotermia estaba en sus síntomas, ahora está de lleno. Tú miras a todos lados manteniéndote en el agua, no ves absolutamente nada, ninguna salida, de repente caen bloques de arriba, algunos te golpean ligeramente en le casco, tú por evitar más peso del que llevas prescindes de la carburera y la dejas caer al fondo de ese lago, del cual no tienes conocimiento de su desnivel. Te retiras inmediatamente del lugar de los hechos, pero no ves salida alguna, el miedo te impide ver a través de la oscuridad, el estado hipodérmico es agonizante, tu cuerpo se encuentra moribundo en la penumbra de la expiración, el denodado tormento se apiada de tu alma, se resquebraja lentamente hasta devorar la mente, un suplicio angustioso convierte esos instantes de vida en la desesperación jamás vivida, sólo en un lago subterráneo donde nadie ya puede entrar, esperando a ser juzgado por la vida, con un frío aterrador, sin conocer salida alguna de esa superficie acuosa, con la oscuridad venciendo ala luz de tu led que se debilita poco a poco por los golpes sufridos y por el tiempo que llevas dentro, del cual no eres constante.

Comienza el tercer gran reto, escapar cuanto antes de las garras del viento helado. Te dispones a mover tus articulaciones para nadar algo y poder observar algún montículo en el que salir del agua, mientras avanzas muy lentamente observas la cantidad de formaciones que constituyen esa galería, la más húmeda de todas, naturalmente, observas desde coladas hasta helictitas, observas como algo tan bonito puede ser el destino de algo tan valiente como tu vida, al menos puedes morir con honor, en un paraíso que nadie contemplará nunca, entre las formaciones cársticas con las que siempre has querido estar, con una compañía agradable, con millones de años mirando como te desvanecerás de un momento a otro, ellas toda una vida creciendo y tú muriendo en un mar de agonía por haberlas querido contemplar en esa fase de madurez.

Pero mira el lado bueno de las cosas, ya no tienes sed y el tiempo se te ha pasado volando pensando en estas cosas, el cuerpo mientras se consume en tus pensamientos se olvida de que está sufriendo. Te paras un momento y visualizas la galería: ¡¡¡¡¡Al fin!!!!!, pareces ver una apertura a unos tres metros del agua, como una pequeña galería por donde podrías salir, por donde el agua se marcharía en caso de crecer el nivel, es ahora cuando buscas la típica marca de agua en la pared de hace miles de años. La consigues ver, y está por encima de esa trampilla que has visto, es buena señal, eso quiere decir que puede que el agua se marchase por allí, puede ser una salida, pero del lago, no de la sima.

Intentas escalar por la pared que se apoya en la galería superior, pero tus intentos son desastrosos, subes y cuando llevas un metro no te queda más remedio que caer a ese frío destino, trepas de nuevo y consigues avanzar algo más, visualizas cada resorte, cada peldaño, cada saliente de la pared para garantizar el éxito de esos intentos de salvación. Sabes de sobra que si no lo consigues volverás al lago, y eso no le gustaría a nadie. Cuando una persona sabe que le espera una mala consecuencia, se preocupa de evitarla por encima de todo. Te cuesta dejar el petate en el que llevabas los últimos utensilios, solo te llevas el equipo, que va puesto, el bote estanco estrecho en el que metes la cámara digital, el cordino blanco y las pilas de repuesto. Abandonas el medidor láser, toda la expedición protegiéndolo, para que ahora se tenga que despedir de un plumazo.

Al quitarte bastante peso de encima, tienes al nivel de tus ojos la galería, la observas y ves como continúa de forma horizontal y descendente. Solo queda un pequeño impulso para llegar, ahora es como la típica película en la que el héroe salta y el tiempo se detiene por unos instantes, la cámara se ralentiza y el chaval consigue llegar con muchos apuros. Tú esperas lo mismo, pero sin los apuros, sabes que tu vida depende de dejarte los últimos esfuerzos en llegar a la dichosa galería. Saltas y……….en fin …… ……..tenía que ocurrir…………..no todo siempre sale bien……………no todo a la primera……………..alguna vez hay que repetir……………….quizás a la tercera va la vencida como se suele decir…………………………es una lástima………………pero por otro lado ………………………cada vez estarás más cerca. Menos mal que ha salido a la primera, jeje, sino… hubiera habido que repetir. Subes con algo de trabajo hasta alcanzar la base de la galería, te pones de pie pero encorvado, porque la galería no alcanza la altura de tu estatura, es algo ancha. Puf, una épica acción más, ¿será la última?, coges el poco aliento del que dispones y te introduces en ese mediano tubo antiguo fluvial.
 
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