». Así lo asegura Toni Pérez, de 23 años y
miembro del club de Espeleología de Villacarrillo. Describe una
situación extrema de las que se pueden vivir cuando uno es
espeleólogo. Pérez es una miscelánea entre científico y deportista,
dedicado a explorar y estudiar las cavernas.
La espeleología
nació en Francia y prácticamente a la vez en España, a finales del
siglo XIX, extendiéndose por Europa en pocos años. Menos de un siglo
después nacía el Grupo de espeleología de Villacarrillo, tres años
antes la Federación española. En su origen se trataba de una
ciencia, pero actualmente está considerado un deporte de aventura.
La práctica de la espeleología requiere de una gran preparación
física, si bien para enfrentarse a situaciones límite, como la que
relataba Pérez o incluso más duras, es necesaria, si cabe, la
mental. El aislamiento en un entorno donde se pierden las
referencias espaciales y temporales y el no saber en un momento dado
donde está la salida, pueden afectar sicológicamente. Frente a esto
sobresale «un gran compañerismo y una competitividad sana», asegura
Pérez.
La primera vez
Pocas
experiencias hay tan impactantes como la primera ocasión que se
desciende hasta las profundidades de una sima. «Parece ser que la
primera vez me gustó», ríe Pérez, que se aventuró con sólo 5 años,
bajo la supervisión, eso sí, de su padre, experimentado en este
campo. Antonio Pérez lo hizo con la mayoría de edad. «La primera vez
resulta increíble, ves unas formaciones peculiares, extrañísimas, es
una maravilla. Y es muy fácil engancharse como me pasó a mí». Lo que
le evocó es 'indescripitible'. Tanto es así que desde entonces y
hasta hoy, cuando ya ha dejado atrás 47 años sigue practicándolo con
la emoción del primer día. «Íbamos sin equipos tan completos como
los de ahora, con linternas. Había que trepar por medio de una
cascada, entre la naturaleza, con cierto peligro. Todo eso me
impulsó», explica Pérez. «Desde ese momento no lo dudó. Pensó: si en
una cueva más bien pequeña, de unos 20 metros, encontramos esto, que
no habrá en una grande», añade.
Pese al entusiasmo con el
que se expresa, la espeleología es una gran desconocida para la
mayoría de sus vecinos.«La gente piensa que vamos a la cueva,
entramos y salimos. Punto. Y lo que hacemos va mucho más allá.
Realizamos estudios fascinantes y tenemos dos publicaciones anuales.
No sólo bajamos por la belleza de las cuevas», se queja Toni Pérez.
Realizan estudios topográficos, geológicos, hidrológicos, de
bioespeología (Estudio de la biodiversidad) o de situación de las
cavidades mediante GPS (una vez que se que se ha ido a una cueva, se
cogen las coordenadas y se sitúa en mapas topográficos). Ahora mismo
realizando expediciones a Jaén, Málaga y Almería. Entre sus
hallazgos destacan además, el descubrimiento de nuevas especies. Los
más destacados son diferentes tipos de plantas y de la rama de la
araña.
Fruto de este trabajo han recibido premios y ganado
campeonatos. La escuela del club, además, se ha hecho con el
Campeonato de España de Espeleología en dos ocasiones y participaron
en los Juegos Mundiales de 2005, celebrados en Sevilla. Y el próximo
domingo 21 celebran la I Gala de Espeleología en Villacarrillo.
En lo que respecta a Jaén las principales cavidades
subterráneas están en los términos municipales de Villacarrillo,
Villanueva del Arzobispo, Hornos de Segura, Siles, Santiago de la
Espada, Pontones, Segura, las Villas y Cazorla,
principalmente.
Un día con ellos
Lo primero
que te recomiendan antes de empezar es que lleves un equipo
completo: casco siempre, calzado y ropa adecuada, suele utilizarse
de un tejido especial que no deja pasar agua y mantiene el calor. El
resto de los materiales compuesto de cuerdas y anclajes, arneses,
unos descensores, bloqueadores para el ascenso, bagas de anclaje
(cuerdas, cintas y tensores). Una vez que se cuenta con todo lo
necesario, toca desplazarse a la cueva. Normalmente, ya que se
realiza por ocio es en fin de semana. A veces la cueva tiene difícil
acceso y hay que caminar durante una o dos horas para llegar cerca
de la cueva. Cada miembro de la expedición tiene su misión. Entran
primero una o dos personas, la primera que entra es la que tiene más
experiencia y se encarga de hacer los nudos. Luego se colocan los
anclajes, mediante percutores, taladrando pequeños agujeros
procurando el mínimo roce en la pared y profundizar lo máximo
posible. Se instalan las cuerdas y se desciende. Y una vez se llega
abajo comienza la exploración, toma de muestras, medidas y todo el
trabajo planificado.
Jaén, poco profundo
En Jaén
y en el resto de Andalucía las cuevas no se caracterizan por su gran
profundidad con alguna excepción: hay una sima con 1.100 metros y
otra de entre 600 y 700. El joven Pérez estuvo hace unos meses en la
segunda más grande de Andalucía oriental, con 550 metros. Sin
embargo la mayoría oscila entre los 150-100 metros de profundidad.
De las 80 simas de más de 100 metros que hay en toda Andalucía, más
de 20 están en nuestra provincia.
De todas formas, asegura
Antonio Pérez, no siempre es preferible llegar a mucha profundidad.
Cuanto más se baja, más sube la dificultad. «Son unas galerías
tremendas y no sólo hay que llegar a ellas. Quiero decir que lo más
difícil no es bajar, sino subir una vez has terminado todas las
pruebas y experimentos que quisieras hacer. Salir de una cueva así
te puede llevar unas 8-10 horas», asevera Pérez. Un esfuerzo físico
tremendo y peligroso.
Aunque el peligro no es algo que
asuste a los espeleólogos. La posibilidad de sufrir un accidente
está presente desde el momento en que te cuelgas de la cuerda. Por
algo está considerado un deporte de riesgo. Lo peor según Pérez son
los primeros 9 ó 10 minutos, aunque el riesgo está omnipresente.
«El mayor de los peligros es que te confíes, que por no
pararte a hacer el nudo tres veces lo hagas una. El mayor peligro
eres tú mismo», afirma con decisión. Hasta ahora las cuevas han
respetado al espeleólogo, que sólo ha sufrido accidente leves, como
torceduras de dedos.
Escuela
Pese a su gran
afición los años pesan a la hora de atarse la cuerda y ponerse manos
a la obra. El empujón al interior se lo da últimamente la escuela de
chavales que están empezando a practicar la espeleología.
Pérez trabaja con ellos y la Federación con la vista puesta
en los próximos eventos deportivos. Jaén es un buen lugar para
iniciarse y perfeccionarse.